¿Por qué es importante escuchar a las víctimas?

El poder de escuchar las historias de las víctimas

No alcanzamos a comprender el sufrimiento de los familiares cuando han asesinado o desaparecido a un hijo, a un padre o un hermano. Sólo el que lo padece puede entender la magnitud de ese dolor. Pero ese dolor lamentablemente no va sólo, pues muchas víctimas sufren doblemente debido a que ese asesinato trajo consigo injustamente un estigma añadido, los armados, los vecinos, la gente en generar muchas veces comentó que fue por esta u otra razón, que pertenecía a tal o cual grupo y que por eso lo mataron. Es lo que se ha llamado la doble muerte hermeneútica, lo asesinaron y después volvieron a asesinar su nombre, su honra, su reputación.

 

En medio de ese sufrimiento silencioso, el derecho a contar, a hablar ha sido negado, por la ley del silencio que los grupos armados impusieron, por las amenazas y por el miedo, ya que muchas víctimas tenían que seguir viviendo en territorios controlados por los ilegales.

Albeiro afirma que a pesar que había contado el testimonio de su pérdida varias veces en las audiencias judiciales, sólo consiguió realizar un duelo cuando su testimonio fue escuchado con dignidad. A lo cual afirma:

“Me soñaba que hablábamos con mi primo, nos reíamos y de repente me acordaba que él estaba muerto. Recuerdo que cuando fui al cementerio, su cadáver tenía 5 días de descomposición y olía muy feo, ese olor en el sueño se me quedaba en la garganta y era horrible… por muchos años seguí soñando lo mismo con ese olor…. Hasta que un día fui a Casa de la Memoria de Tumaco y me encontré con José Luis, hablamos sobre lo que había pasado en Tumaco con el paramilitarismo y le conté lo de mi sueño y desde ese día jamás volví a tener ese sueño” (Alberto, 17 de abril de 2017).

Es un sencillo ejemplo de cómo los espacios de memoria, donde las víctimas se sienten acogidas y pueden hablar son espacios sanadores, que producen una reparación profunda, simbólica, social.

La Comisión de la Verdad iniciará en breves meses su función en Colombia, puede ser un espacio para que las víctimas puedan hablar, puedan narrar sus historias y sus vidas a una sociedad que hasta el momento no ha querido escucharlas. Es la oportunidad de devolver algo de la dignidad robada a todas esas familias, es su derecho a contar, a hablar y hablando sanar un poco. Y ante la objeción de algunos que piensan que “es mejor no reabrir la herida”, habría que decir que esa herida nunca ha sido cerrada, y que para cerrarla muchas víctimas necesitarán contar, hablar, narrar,… El cómo y cuándo sólo las víctimas tienen derecho a decidirlo.

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