La memoria me observa

Desde las paredes de la Casa de la Memoria de Tumaco me observan cientos de rostros. Me miran con los ojos muy abiertos, posan ante la cámara, se han arreglado para las fotos. Todos caben en esta sala en la que los rostros tienen sólo un común denominador. Que están muertos. Que los mataron. ¿Qué haría Silfredo para merecer tal muerte? ¿O Janier? ¿Y Segundo Eubaldo? ‘Estamos en el santuario de las víctimas’, me explica Paula, ‘un lugar con setecientas fotografías que guardan toda la carga emocional que se pueda imaginar porque no las sacamos de periódicos sino que las trajeron los propios familiares’.

Siga leyendo aquí el relato de José Luis Sanchez Hachero

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